Hay algo que como líderes sabemos… pero no siempre queremos ver. No es falta de información. No es falta de experiencia. Es lo que yo llamo el velo.
Ese velo sutil que se interpone entre la realidad y la historia que elegimos contarnos. Ese espacio donde intuimos lo que pasa… pero decidimos no nombrarlo. Porque ver implica algo más que entender, implica hacernos cargo y no siempre estamos listos para eso.
En mi experiencia a lo largo de muchos años trabajando con lideres, el velo aparece más de lo que creemos en: conversaciones que se evitan, decisiones que se postergan, roles que ya no funcionan pero se sostienen, culturas que “parecen” alineadas, pero no lo están. No es que no lo veamos. Es que, en algún nivel, elegimos no verlo. Porque correr el velo incomoda. Expone, pero sobre todo, nos obliga a actuar.
El problema es que lo que el velo protege… también nos estanca.
Un líder que no ve con claridad, construye organizaciones que tampoco ven. Y ahí es donde todo sigue funcionando… pero nada evoluciona. Para mí, el verdadero acto de liderazgo hoy es otro. No es tener todas las respuestas. Es animarse a mirar sin distorsión. A decir lo que no es evidente. A sostener conversaciones incómodas. A dejar de explicar y empezar a observar.
Porque no hay transformación real sin verdad. Y el liderazgo consciente empieza en un lugar muy simple y muy desafiante que es cuando decidimos correr el velo.
Te dejo algunas preguntas que a mí, me siguen desafiando cada día:
¿Qué estás viendo pero todavía no estás nombrando? ¿Qué conversación estás evitando? ¿Qué decisión estás postergando bajo argumentos “racionales”? ¿Dónde estás sosteniendo algo que ya no debería seguir igual?
A veces no se trata de hacer más. Se trata de ver mejor pero sobre todo tener la valentía de correr ese velo que nos impide ver con claridad. Ojala contestarnos esas preguntas nos ayude a liderar desde un lugar mas coherente y con libertad.
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